Un cambio histórico en la mesa de los argentinos quedó confirmado: por primera vez, el consumo de carne de pollo superó al de carne vacuna.
El dato refleja una transformación en los hábitos de consumo que tiene una explicación central en la economía familiar: el fuerte aumento del precio de la carne vacuna llevó a muchos consumidores a buscar alternativas más accesibles.
Según los últimos registros, el consumo anual por habitante llegó a unos 47 kilos de pollo, mientras que la carne vacuna quedó por debajo de esa cifra.
La diferencia puede parecer pequeña, pero representa un cambio significativo para un país históricamente identificado con el consumo de carne vacuna.
El fenómeno también muestra cómo los precios están modificando las decisiones de los consumidores y qué productos llegan finalmente a la mesa de los hogares argentinos.
La carne vacuna sigue siendo parte central de la dieta argentina, pero el pollo acaba de quedarse con un lugar que durante décadas parecía imposible de disputar.


