Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional tras derrotar 3-1 a Estudiantes en Santiago del Estero, pero el título quedó completamente opacado por un final cargado de tensión, reclamos y graves incidentes.
El partido ya venía caliente por distintas decisiones arbitrales. Estudiantes reclamó un penal que terminó siendo sancionado para Rosario Central a través del VAR, además de pedir la expulsión de un jugador del Canalla y cuestionar una posible mano dentro del área sobre el cierre. Desde la terna arbitral explicaron posteriormente que consideraron que ninguna de esas últimas acciones reunía los elementos suficientes para sancionar penal.
El encuentro parecía definido cuando Julián Fernández marcó el 3-1 para Central en una contra, pero inmediatamente después se desató una pelea entre futbolistas de ambos equipos. Hubo empujones, golpes y corridas que continuaron en el ingreso a los vestuarios. El árbitro Darío Herrera debió esperar para poder dar por terminado el partido.
En medio del caos también apareció Juan Sebastián Verón. El presidente de Estudiantes ingresó al campo de juego y se dirigió directamente hacia Herrera para reclamarle por su actuación. El episodio terminó de encender una noche que ya estaba marcada por la bronca del conjunto platense.
Del lado de Central, Agustín Sández reconoció posteriormente que se dejó llevar por la euforia después del tercer gol y pidió disculpas por su actitud hacia los jugadores de Estudiantes.
Así terminó una final que tenía como premio un nuevo título para Rosario Central y que terminó convertida en uno de los partidos más polémicos del fútbol argentino en los últimos tiempos.


